A veces se nos dificulta aprender de los
conflictos en nuestras relaciones, especialmente; cuando se trata de nuestros
seres queridos más cercanos, hermanos, padres, hijos, etc. Debido a que se
traen patrones aprendidos de la infancia que nos acompañan a lo largo de la
vida, nuestro lenguaje y contexto que se estamos viviendo; se da que las
discusiones y los problemas estacionados sin resolver, se van volviendo incluso
heridas en el corazón y que se ven reflejadas en nuestra convivencia del día a
día.
Aquí ponemos algunos consejos para
manejar mejor estas situaciones que más que conflictos son una forma de
aprender a superarnos:
1. Conocerte a ti mismo: Si tu contexto es que estás sensible o cansado, enfermo o distraído por alguna preocupación, a la hora de una discusión, tu mente está en estado de alerta y se le dificulta poner total atención en la otra persona. Y si estás irritable, posiblemente, necesites retirarte un momento, descansar o respirar profundamente, antes de responder con un mecanismo de defensa que pueda dañar tus relaciones. Lo mejor es cuestionarte a sí mismo y tener paciencia, ¿qué me está afectando?, ¿qué pudiera aprender de esta situación?, ¿cuál es la intención de lo que quiero decir?, ¿me siento ofendido o estoy sereno para pensar?, ¿puedo esperar a otro momento para resolver este conflicto o no?
2. Las emociones cambian tu percepción: Cuando las emociones están controlándonos en vez de que nosotros las controlemos, estamos permitiendo que se empiecen a desbordar en nuestro interior. Llegará un momento en que posiblemente, explotemos y nos descarguemos en alguien cercano. Este nivel de estado de alerta o estrés nos impide percibir el contexto de nuestro entorno, de las situaciones y las personas. Posiblemente la percepción que tenemos nos haga pensar exageradamente en el conflicto y esto incrementa la carga emotiva. En nuestro diálogo interno se escucha: "si hubieras o hubieses, nunca me escuchas o siempre te diriges a mí sin respeto...". Lo cual dramatiza en vez de empatizar y buscar la compasión que necesita la otra persona debido a su contexto.
3. En las relaciones lastimadas se necesita hacer treguas. No significa que no continuemos buscando posibles soluciones a los problemas, sino, solo darnos un respiro es sano para nuestras relaciones. A veces, basta la sana convivencia para relajarnos como familia saliendo a áreas abiertas fuera de casa, caminar o salir al jardín en la noche antes de dormir y contemplar las estrellas. Sin tratar de guardar las posturas con respecto a los problemas que bien se conoce que se están suscitando en casa, sin criticar o hacer comentarios irónicos. El simple contacto visual, una sonrisa, una palmada en el hombro o simplemente compartir el espacio físico en esos momentos puede ser de gran ayuda.





No hay comentarios:
Publicar un comentario